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viernes, 3 de septiembre de 2010

Bright Star

Cuando se ha estrenado y editado en DVD en medio mundo llega a las pantallas españolas el último film de Jane Campion. Su retraso y la posibilidad de que el público interesado ya la haya visto pueden hacer pasar desapercibida una película que a simple vista puede parecer un biopic convencional más.


Basada en la biografia “Keats” escrita por Andrew Motion y en las cartas del propio Keats, Bright Star nos traslada al Londres de 1818 y gira en torno al poeta británico John Keats y la secreta y apasionada relación que mantuvo con su vecina, Fanny Brown. Un apasionado romance, truncado por la prematura muerte del poeta a los 25 años, en el que John y Fanny sienten la necesidad urgente de estar siempre el uno con el otro hasta límites que escapan a la razón.

Contada de esta manera Bright Star, que toma su título de uno de los poemas más celebres de Keats, no parece ser más que uno de esos dramas románticos encorsetados que asaltan habitualmente las pantallas para uso y disfrute de grupos de damas del barrio de Salamanca. La cinta de la neozelandesa Jane Campion bordea continuamente lo cursi y académico pero se distingue de otras producciones similares gracias en gran parte a la personalidad y el sello autoral que su directora imprime en cada fotograma. La autora de El Piano, Un Ángel en mi Mesa o la incomprendida obra maestra En Carne Viva se ciñe a los hechos tanto como puede sin que la labor de meticulosa investigación convierta a la cinta en una plúmbea producción de época.
Abbie Conish lee unas líneas de Keats
Sobresale en Bright Star la serenidad y contención con la que se narra esta historia. Evita poner en escena momentos álgidos que desencadenen una tormenta emocional a favor de contar la historia de John Keats desde los ojos de Fanny Brown, vecina del poeta en un primer momento, enfermera de su hermano después, alumna y lectora más tarde y amante al final. El relato fluye tranquilo y sosegado, lejos del folletín que sobre el papel la historia de Keats promete. Campion antepone la poesía a la prosa de trazo grueso y compone un bello poema visual apoyado en los propios poemas de Keats que se insertan en el relato (en off o no). Un poema delicado y minimalista, siempre sombrío pues la sombra de la muerte planea desde el primer minuto sobre la película. Bright Star no está a la altura del derroche visual y el climax emocional de El Piano (1994) pero mantiene un nivel de belleza y sensualidad tan elevado como cualquier poema de Keats. Su puesta en escena hace gala de un cierto toque Austeniano, pero según el modo de la ultima adaptación de Orgullo y Prejuicio (Joe Wright, 2005), atiende al detalle y al rostro pero es vaporosa y fluida como los vestidos que cose para sí misma Fanny Browne.


Bright Star utiliza la figura de John Keats como coartada estética e intelectual para proponer un nuevo relato sobre la mujer que se enfrenta a una sociedad castradora, en este caso la Inglaterra Victoriana. Como Holly Hunter en El Piano (1994), Nicole Kidman en Retrato de una Dama (1997) o la desfigurada Meg Ryan de En Carne Viva (2003), la joven Fanny Brown es un personaje 100% Campion al que da vida la australiana Abbie Cornish, con rostro de Charlize Theron y maneras de Nicole Kidman. El británico Ben Wishaw (visto en El Perfume o I´m not there) presta su físico frágil y atormentado al poeta John Keats. 8



Y para leer a Keats es muy recomendable el volumen Belleza y Verdad publicado este año por la editorial Pre Textos que recopila algunos de los mejores poemas de John Keats en su idioma original y en traducciones de Lorenzo Olivan. Este el famoso poema que da titulo a la película de Jane Campion.

Bright Star! would I were steadfast as thou art-                  
Not in lone splendour hung aloft the night,                      
And watching, with eternal lids apart,                            
Like Nature´s patient sleepless Eremite,                             
The moving waters at their priestlike task                           
Of pure ablution round earth´s human shores,                    
Or gazing on the new soft fallen mask                                
Of snow upon the mountains and the moors-                     
No-yet still steadfast, still unchangeable,                 
Pillow´d upon my fair love´s ripening breast,                     
To feel for ever its soft fall and swell,                                
Awake for ever in a sweet unrest,                                     
Still, still to hear her tender-taken breath,                          
And so live ever-or else swoon to death.                           
 
                                               Si fuese como tú constante, estrella,
no solitaria luz alta en la noche,
viendo con abiertos ojos eternos,
cual ermitaño de Natura en vela,
las aguas que, sacerdotales, lavan
las humanas orillas de la tierra;
ni contemplando la reciente máscara
de nieve sobre páramos y montes...
No, aunque inconstante, aunque inmutable, quiero
apoyado en el pecho de mi amor,
siempre sentir su pálpito tan suave;
siempre despierto en inquietud muy dulce,
callarme para oír su tierno aliento
y así vivir siempre, o morir si no.

                         John Keats.


jueves, 24 de junio de 2010

Campo Santo





W.G. Sebald (1944 - 2001) murió en un estupido accidente de tráfico justo en el momento en el que su obra comenzaba a ser reconocida internacionalmente. El escritor alemán se habia situado ya como una de las figuras clave de la literatura europea actual y como uno de los más audaces renovadores de la novela tradicional. Destacó primero como autor de ensayos literarios antes de dar un tardío salto a la ficción. Tras su muerte se recuperaron algunos textos inconclusos que formaban parte de un proyecto sobre sus viajes a Córcega junto con diferentes ensayos breves sobre la literatura y la guerra de diferentes épocas. El volumen titulado Campo Santo une los dos géneros cultivados por Sebald y dejan constancia de la sobresaliente calidad y coherencia de su obra.
Los cuatro relatos breves recogidos en Campo Santo forman parte de un viejo proyecto del autor, un libro de viajes sobre la isla de Córcega, del mismo modo que Los Anillos de Saturno lo era sobre el sur de Inglaterra. Sebald utiliza la isla mediterranea para dar continuidad a su obsesión por recuperar el pasado y rescatarlo del olvido perpétuo. El escritor alemán nos habla de muerte, decadencia, tradición, del peso del pasado y de sus demonios personales que se pasean por museos, casas antiguas (Pequeña excursión a Ajaccio), bosques (Los Alpes en el Mar) y el cementerio al que alude el título del libro.

A continuación un breve fragmento del relato que da título al libro:

"Los muertos siguen estando a nuestro alrededor, pero a veces creo que quizá desaparezcan pronto. Ahora que hemos llegado al punto en el que el número de los que viven en la tierra se ha duplicado en el curso de sólo treinta años, y se triplicará de nuevo en la proxima generación, no tenemos, que temer ya a la población, antes superior, de los muertos. Su importancia disminuye visiblemente. No se puede hablar ya de recuerdo eterno y veneración de nuestros ancestros. Muy al contrario, los muertos deben ser apartados ahora tan rápida y concienzundamente como se pueda. Quien no ha pensado en una ceremonia en el crematorio, cuando se introduce el ataúd en el horno sobre la cureña, que la forma de despedirnos de los difuntos se caracteriza por una mezquindad y una prisa mal disimuladas. También el espacio que se concede a los muertos se hace cada vez más pequeño y con frecuencia, cuando han pasado unos años apenas, se los despide. ¿Dónde se depositan entonces los restos mortales, cómo se eliminan? Evidentemente, la presión es grande, incluso aquí en nuestro país. ¡Y cómo debe ser en las ciudades que inexorablemente avanzan hacia los treinta millones! ¿Adónde van los muertos de Buenos Aires y San Pablo, de Mexico DF y El Cairo, de Tokio, Shanghai y Bombay? Sin duda son los menos los que encuentran una tumba nueva. ¿Y quien se acuerda de ellos, quien se acuerda en absoluto? Recordar, conservar y preservar, escribió Pierre Bertaux sobre la mutación de la humanidad hace ya treinta años, era importante sólo en la época en que la densidad de población era escasa, los objetos que fabricábamos raros y había espacio en abundancia. No se podía renuncia entonces a nadie, ni siquiera cuando estaba muerto. En cambio, en las que sociedades urbanas de finales del siglo XX, en las que, de una hora a otra, todo el mundo es reemplazable y en realidad ya superfluo desde su nacimiento, lo que importa es arrojar continaumente lastre por la borda, olvidar sin descanso todo lo que se podría recordar: la juventud, la infancia, el origen, nuestros progenitores y antepasados. Durante algún tiempo existirá el sitio recientemente introducido en internet "Memorial Grove", en el que se puede inhumar y visitar electrónicamente a los que nos son especialmente próximos. Sin embargo, luego también ese virtual cimetery se disolverá en el éter, y el pasado entero se disipará en una masa informe, indistinta y muda. Y al dejar un presente sin memoria y ante un futuro que no podrá concebir ya la razón de nadie, abandonaremos la vida por fin sin sentir la necesidad de permanecer al menos algún tiempo o de poder volver de visita ocasionalmente"

Campo Santo, de W. G. Sebald
La tumba del W.G. Sebald

lunes, 3 de mayo de 2010

El día que me vaya no se lo diré a nadie



"Huyendo del piso, Julián se mete en el primer supermercado DIA que encuentra.

DIA es sin duda su súper favorito.

No se puede comparar.

Entrando en un DIA, el olor a odio de clase te golpea de inmediato. Es el resentimiento puro del trabajador de Servicios, cagándose en la puta que parió al mundo y a todos los clientes. Lo hueles sólo entrar. Además todo está en cajas aún, desparramado por las estanterías, ordenado inmundo, de modo que la sensación de desorden es igualmente suprema. A Julián le encanta encontrarse salchichas de Frankfurt al lado del aftershave. Y luego están los trabajadores. Punk Rock sector alimentación. Ni una maldita sonrisa, ese uniforme zarrapastroso, siempre sucio, y esas muecas de insatisfacción, vacio y alienación que acaban desencadenando una masacre en un centro comercial el día que hay un cruce de cables.

DIA. No hay color."

El día que me vaya no se lo diré a nadie. Kiko Amat. (2003, Editorial Anagrama)




 

martes, 27 de abril de 2010

La Soledad del Corredor de Fondo


“The future´s looking colourful / It´s the colour of blood, chaos and corruption of a happy soul / A Happy Soul will ride / ride in the field / Til the rain dies down (…) Have you seen The Loneliness of a Middle Distance Runner? / when he stops the race and looks around” (Stuart Murdoch)


El pasado domingo 25 de abril murió Alan Sillitoe. El escritor británico, de 82 años, es el autor de una de mis novelas favoritas La Soledad del Corredor de Fondo. Una novela que debería estar en el top 10 de todo perdedor por vocación y convicción. Si encima se le suma una adaptación al cine que iguala las virtudes literarias y una canción rememorándola igualmente excelente a cargo de tu banda favorita, La Soledad del Corredor del Fondo se convierte por méritos propios en un leit motiv para toda una vida. Toda una lección para mirar hacia delante con las espaldas bien anchas aunque te pisoteen como a una hormiga. Una clase magistral para aprender a saber perder. Pararte en mitad de la carrera y decidir perder puede convertirse en el acto más heroico, en la oportunidad perfecta para alcanzar una orgullosa venganza, que a nada lleva , pero  que sacia como el agua en desierto.

Alan Sillitoe perteneció al grupo de escritores conocido como los Angry Young Men, los jóvenes rabiosos retratistas de la clase social trabajadora que sirvieron de inspiración para el Free Cinema Británico. Una sinergia creativa de primera que alcanza cima con la adaptación de La Soledad del Corredor de Fondo (1962) a cargo de Tony Richardson y protagonizada por el bello Tom Courtney. Una novela maravillosa, una película excelente, una canción que tengo que escuchar por lo menos cinco veces seguidas.

Da la casualidad de que en las últimas seis semanas por aquí ya han pasado la canción homenaje a The Loneliness of a Middle Distance Runner a cargo de Belle & Sebastian y también el actor Tom Courtneay por boca de Yo la Tengo… Si, llevo meses especialmente obsesionado de nuevo con esta historia. Las casualidades nunca son gratuitas, y por ello, esta tarde al abrir el periódico y enterarme de la muerte de Alan Sillitoe se me ha encogido el músculo latente casi tanto como cuando murió Billy Wilder. Si… hay ocasiones en las que con causa aparente el ánimo se me viene abajo o tengo cambios bruscos de humor. ¿Y? Yo si me entiendo perfectamente… “So I take revenge in stories and dreaming of the time when we´re on stage”

La Soledad del Corredor de Fondo, una canción memorable de la banda escocesa

miércoles, 14 de abril de 2010

PROSPERIDAD, de Carlos Herrero

“La vida no tiene razón ni utilidad, que cada uno se apañe como buenamente pueda en rellenar el tiempo que le separa de su muerte, es lo único que importa”

 

“Es complicado, porque las vidas no tienen mucho sentido, hay que mentirse, y cuesta.”


Hace unas semanas me dejaron este libro que hoy que estoy un poco muy cabreado he vuelto a ojear para regodearme en el patetismo de alguno de sus mejores pasajes. Prosperidad es la primera novela de Carlos Herrero, perdedor de profesión con la L de Loser estampada con fuego en medio de la frente. Herrero posee una apasionante biografía compuesta por sucesivos trabajos basura que le deben permitir seguir soñando con poder ir tirando de la literatura mientras se pudre en algún agujero del extrarradio madrileño.

“(…) sobrevive consumiéndose absurdamente en medio de inútiles dolores, parece tan claro el suicidio al llegar ese punto de decadencia, tan limpio y racional. No sé qué alegrías espera o encuentra en la dolorosa sucesión de días (…)”

El protagonista de Prosperidad también se llama Carlos y sufre, es un joven sin futuro, borrachuzo, putero y con una novia gorda, un hombre que sufre y no sólo por tener que llevar una ortodoncia a sus 25 años. Alrededor de Carlos corre la historia de Mario, el hermano menor, deportista y aún más joven al que una enfermedad degenerativa jode la vida hasta postrarle en cama y consumirle en vida. Mario se convierte en el silencioso demiurgo que impulsa a Carlos a rechazar los presupuestos básicos que esperaba para su vida, a abandonarse al más exacerbado nihilismo, a aceptar siempre con cinismo que su vida es una mierda y que lo mejor que puede hacer es acabar en los brazos de una gorda que le produce un asco profundo. Así de claro, así de real y así de sencillo.

“Porque todo da igual: rezar probar la cocaína, aprender bailes de salón, la vida es un absoluto prescindible que acaba en muerte irremediable, enamorarse, sufrir cáncer rectal, construir cosmonaves, la pedofilia.” (…) “ más o menos todas las vidas acaban en derrota”

En esta novela sincera, patética, amarga y costumbrista sobresale la historia oculta de Mario, historia silenciosa de enfermedad y muerte, de éxitos truncados, dolor infinito y esperanzas perdidas en una sucesión de hospitales, tratamientos, fisioterapeutas y homeópatas. (“Ante el dolor sólo cabe humillarse” “Antes de permitirse el ejercicio como médico debería ser preceptivo haber ejercido de enfermo un mínimo de tres años”). Mucho mejor esta parte del libro que la sucesión de historias planas de Mariana, la novia boxeadora o los amigotes de Carlos que recuerdan a las Historias del Kronen. Prosperidad posee una prosa simple, aséptica y eficaz que debería ser disfrazada de libro de la serie naranja de El Barco de Vapor para el uso y disfrute de niños con absurdas esperanzas de ser felices.

Carlos Herrero, autor de Prosperidad

Y si les queda alguna duda lean regodéense con dos estupendos pasajes.

"Por las calles veías los horarios de las tiendas: abierto de nueve treinta a veintiuna treinta, abierto de ocho a quince y de diecisiete a veinte treinta. Mi padre salía de casa a las ocho y muchos días regresaba pasadas las veintiuna. Aquella esclavitud real, de nueve a seis, es tu vida, tenazmente recordada, a la que me veía condenado a cambio de un salario que me enfurecía. Tampoco le encontraba salida, yo no había nacido lo bastante rico para no trabajar, no sabía tocar el violín o lanzar cuchillos, llevaba acudiendo a clases desde los cinco años y no sabía hacer nada. En la antigüedad me habrían considerado esclavo, sin más. Hoy era un ciudadano y ese sutil cambio de denominación aseguraba mi mansedumbre: me cagaba en su puta madre, pero también me acobardaba y avergonzaba por ello porque entendía con claridad que daba igual lo que pagaran…"


"Salía sólo, bebía encogido en las escaleritas, me autoenvenenaba, sobre mí se habían cometido, objetivamente, los mayores agravios de la historia, ningún ser había sufrido las injusticias que me acosaban. Me exasperaba hasta lo ridículo, entendía perfectamente lo falso, infantil y absurdo de mis quejas y no podía hacer nada por evitarlo, yo era un mártir y mi sufrimiento, cósmico. Ya borracho, me desbordaba. Caminaba muy aprisa con los labios apretados. Sobre todo planeaba venganzas: la vergüenza es adquirida, son los demás quienes la crean, celulitis, acnés, o el simple uso de calcetines blancos con zapatos negros… dedicaría la vida a conseguir una bomba, se enterarían esos hijosdeputa que me acomplejaban, antes de morir apretaría el botón. Comenzaba a visitar asiduamente la biblioteca, imaginaba convertirme en escritor: yo enseñaría a la humanidad, yo le mostraría que la vida era horror, ridículo, enfermedad, absurdo, mis historias traerían consigo la extinción de la especie. Seguro que sí. Esta convicción pueril tranquilizaba enormemente mi atormentada conciencia, no sólo eso sino que resultaba, de algún modo, muy satisfactorio, con veinticinco años llevaba aparato, vivía en casa de mis padres, recibía paga de mi abuela y la gastaba, a cambio de mera conversación, en un burdel. Era un maldito."

PROSPERIDAD está publicada por Ediciones Barataria en la Colección Bárbaros (2007)

jueves, 18 de marzo de 2010

Leerestádemoda



Hay algo aún más triste que escuchar a alguien decir orgulloso que no lee nunca, los libros electrónicos. Mis rayos fulminantes se dirigen con ira hacía cualquier persona que porta uno de esos aparatos. Verles en el metro supone un daño estético superior al de los pantalones negros con calcetines blancos y los tangas asomando por encima del pantalón. Al paredón.

martes, 16 de marzo de 2010

Un pasaje de Guía...



"No es que me haga mucha falta, la verdad. Me puedo pasar perfectamente todo el tiempo absorto en mis ideas, soñando despierto, imaginando cosas imposibles. Cuando no ando perdido en mis fantasías es porque estoy ocupado intentando enfrentarme torpemente a las situaciones que la vida me plantea delante. Ojalá mi yo del mundo real y mi yo íntimo estuvieran unidos. Ojalá pudiera hablar con una voz coherente y apropiada, y además decir cosas que tuvieran sentido. Mejor dicho, si estuviera cuerdo eso es lo que desearía. Pero al estar dividido en dos, siempre hay uno de los dos lados que tiene que transigir. El único deseo en el que han coincidido las dos partes de mi psique es este: que cada vez que conociera a alguien de quien quisiera ser amigo y a quien quisiera follar, asesinar, amar, alguien con quien pudiera mantener conversaciones geniales, etc., dispusiera al mismo tiempo de la facultad de pronunciar una palabra para que por arte de magia hubiera una copia exacta de esa persona que tendría como función complacer mis deseos. Y cuando me hubiera cansado de esa copia, diría otra palabra mágica y desaparecería. De esta forma podría realizar todas mis fantasías, ya fueran bienintencionadas o perversas, sin que el resto del mundo tuviera que sufrir los excesos de mi retorcida personalidad. Lo que pasa es que esto no puedo explicárselo a Luke. Pensaría que tengo un serio problema de psicosis. Así que decido elegir otra cosa."

Dennis Cooper en Guía (2006)

Dennis Cooper es un escritor norteamericano retorcido, sordido, un tarado pervertido, brutal y farsante. Ello equivale más o menos a que es un escritor norteamericano honesto y casi siempre interesante. Guía es su mejor novela y está editada por Acuarela Libros.